Créditos y sospechas
La trama judicial que rodea al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió a ganar espesor. La denuncia ampliada por el diputado Esteban Paulón derivó en un nuevo movimiento: el fiscal Gerardo Pollicita citó como testigo a la escribana Adriana Mónica Nechevenko, pieza clave en las operaciones inmobiliarias que hoy se investigan. Su firma aparece tanto en la escritura del departamento de Caballito como en la adquisición de un lote en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. El foco está puesto en la compra del inmueble porteño por u$s230.000, concretada en noviembre de 2025. La operación se realizó bajo un esquema llamativo: las vendedoras, dos jubiladas, no sólo transfirieron la propiedad sino que financiaron el 87% del monto mediante un crédito hipotecario privado. Cada una aportó la mitad de los u$s200.000 que permitieron a Adorni cerrar la transacción. El departamento, de casi 200 metros cuadrados, había pertenecido previamente al exfutbolista Hugo Alberto Morales. La Justicia intenta reconstruir la evolución patrimonial del funcionario y determinar si sus ingresos declarados guardan coherencia con las adquisiciones recientes. La modalidad de financiamiento y el origen de los fondos son los puntos bajo análisis. La escribana Nechevenko, presente en ambas operaciones, se convierte en testigo central para esclarecer el entramado. Mientras tanto, en paralelo a la presión judicial, Adorni buscó oxígeno político con un gesto hacia el campo: recibió en la Casa Rosada al presidente de la Sociedad Rural, Nicolás Pino. El encuentro, en medio de una agenda cargada y de internas palaciegas, se leyó como un intento de recomponer centralidad y tender puentes con sectores productivos. La estrategia parece clara: equilibrar la pulseada judicial con una agenda política que lo mantenga en el centro de la escena.
