Las PyMEs piden auxilio
Abril dejó una señal clara en el tablero económico argentino: las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas retrocedieron un 3,2% interanual y profundizaron el deterioro del consumo interno en el arranque del año. El relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) expuso además una contracción mensual del 1,3% y un acumulado negativo del 3,5% en el primer cuatrimestre de 2026, confirmando que el mercado sigue debilitado y que la demanda se concentra en bienes esenciales, mientras los consumidores se refugian en promociones, descuentos y cuotas como estrategia de supervivencia. La postal es la de un comercio que se achica, golpeado por tarifas y costos operativos que reducen la rentabilidad y la capacidad de maniobra de las pymes. Los rubros cotidianos y semidurables acompañaron la caída, con la única excepción de Farmacia, que registró un crecimiento del 6,1% interanual impulsado por productos vinculados a la salud y necesidades básicas. El canal digital ofreció un respiro: las ventas online de locales físicos crecieron 8% interanual y 0,7% mensual desestacionalizado, aunque ese alivio no alcanzó para revertir el cuadro general de retracción. El clima empresarial mostró una leve mejora respecto de marzo: el 53,3% de los comerciantes percibe estabilidad frente al año anterior y la visión negativa retrocedió al 39,6%. Sin embargo, las expectativas siguen teñidas de cautela. Casi la mitad cree que su negocio se mantendrá igual en los próximos doce meses, un 37,2% espera una mejora y un 13,8% anticipa un empeoramiento. La inversión continúa postergada: el 58,7% considera que no es momento para arriesgar capital, frente a un escaso 12,6% que ve oportunidades. El informe de CAME desnuda un escenario donde la economía real se convierte en terreno de disputa política. La caída del consumo interno erosiona la rentabilidad de las PyMEs y tensiona el vínculo entre el gobierno y el tejido empresarial. La narrativa oficial de recuperación choca con la evidencia de un mercado retraído, donde el poder adquisitivo de los hogares se diluye y cada punto porcentual negativo se transforma en argumento político. Las PyMEs, columna vertebral del empleo, siguen navegando entre la incertidumbre y la espera de señales más claras.
