Paro total de transporte
La tensión entre el Gobierno y el movimiento obrero alcanzó un nuevo punto de ebullición. La Confederación General del Trabajo (CGT) resolvió convocar a un paro nacional de 24 horas contra la reforma laboral impulsada por Javier Milei. La medida, sin movilización, se realizará el mismo día en que la Cámara de Diputados trate el proyecto oficial. Horas después del anuncio, los gremios del transporte alineados en la UGATT y el sindicato ferroviario La Fraternidad confirmaron su adhesión. El comunicado fue contundente: “Garantizamos el paro total de los medios de transporte de pasajeros. En defensa del trabajo argentino y de nuestro derecho a huelga”. De este modo, quedarán paralizados los colectivos, trenes, taxis, vuelos y todos los servicios de transporte de pasajeros. La decisión responde a la presión creciente de las bases sindicales, que reclaman acciones más duras frente al proyecto oficial: “Los trabajadores están inquietos y quieren pelea”, admitió un dirigente ferroviario en declaraciones radiales. El triunvirato de la CGT, Octavio Argüello (Camioneros), Jorge Sola (Seguros) y Cristian Jerónimo (Vidrio), resolvió la huelga en un encuentro virtual. Jerónimo lo sintetizó: “Están dadas las condiciones y generados los consensos colectivos para ir hacia una huelga nacional”. Sin embargo, la discusión interna no se detiene: mientras la CGT apuesta por un paro sin movilización, el Frente de Sindicatos Unidos (Fresu), que nuclea a la UOM, ATE, Aceiteros y las dos CTA, exige medidas más drásticas y ya anticipó una protesta con movilización masiva al Congreso. Los puntos de conflicto que generan rechazo en la reforma laboral son las modificaciones sobre las indemnizaciones, los cambios en la jornada laboral, las limitaciones al derecho de huelga, los ajustes en las vacaciones y el nuevo esquema de licencias por enfermedad o accidentes no laborales. El escenario político se prepara para un día de alto voltaje: el Congreso debatirá la reforma laboral mientras el país se paraliza. Una postal que anticipa el choque frontal entre el Gobierno y el sindicalismo, con el transporte como epicentro del escarmiento.
