Pulseada médica
En el tablero político de la salud, la pulseada entre médicos y autoridades del PAMI se transformó en un conflicto abierto que amenaza con desbordar los consultorios. Desde ayer, la Asociación de Profesionales de los Programas de Atención Médica Integral y Afines (APPAMIA) mantiene un paro de 72 horas que deja en suspenso la atención de miles de afiliados, salvo en casos de urgencia. La medida no surge de un capricho: es la respuesta directa a la Resolución 1107/26, que modificó el nomenclador de prestaciones y, según los médicos, recortó de manera sustancial sus ingresos. La crónica de este enfrentamiento arranca el 9 de abril, cuando el PAMI oficializó los cambios bajo el argumento de “revisión y ordenamiento”. Para APPAMIA, sin embargo, se trata de un golpe a la economía de los profesionales que vuelve inviable sostener la actividad en condiciones dignas. De ahí la consigna: derogación inmediata de la resolución, reincorporación de colegas cesanteados y aumento de honorarios. La advertencia es clara: la continuidad de la atención primaria está en riesgo. El conflicto no se limita al PAMI. En paralelo, la Agremiación Médica Platense (AMP) declaró estado de alerta contra el IOMA, la obra social bonaerense, que arrastra una deuda de 1.300 millones de pesos por prestaciones de febrero. Aunque en las últimas horas comenzaron a ingresar fondos, aún falta un 30% del pago. Los médicos ya discuten los próximos pasos, conscientes de que la disputa excede lo gremial y se inscribe en el mapa más amplio de la crisis sanitaria. Así, la escena se convierte en una crónica de tensiones: médicos en pie de guerra, obras sociales con cuentas pendientes y pacientes atrapados en el medio. Un capítulo más de la política de la salud, donde cada resolución administrativa se traduce en un pulso que define la calidad, o la precariedad, de la atención cotidiana.
