La publicación del último informe oficial sobre el nivel secundario en la Provincia de Buenos Aires volvió a encender las alarmas en el tablero político y educativo. Los números son contundentes: uno de cada cuatro estudiantes del sistema estatal acumula más de 45 inasistencias anuales, lo que equivale a perder más de un cuarto del calendario escolar. El documento, elaborado con datos de más de 1,6 millones de alumnos, desnuda una realidad que atraviesa la gestión educativa: el 36,9% de la matrícula faltó más de 28 veces en 2024, con una brecha marcada entre el sector estatal (43,6%) y el privado (17,8%). El promedio de ausencias en las escuelas públicas trepa a 35,8 por estudiante, muy por encima de las 21,8 registradas en el ámbito privado. El informe no se limita a la estadística: expone un problema estructural que interpela a las autoridades. La sobreedad aparece como un factor determinante. Los alumnos con dos o más años de retraso en su trayectoria escolar son los que más faltan, y también los que más materias adeudan. La correlación es clara: la asistencia y el rendimiento académico están íntimamente ligados. La gestión educativa bonaerense enfrenta así un dilema político: cómo revertir un escenario en el que la mitad de los estudiantes logra aprobar todas las materias, pero un 18,4% cierra el año con más de cuatro pendientes. Matemática y Ciencias Naturales concentran las mayores dificultades, mientras que las diferencias entre sectores se profundizan: 75% de aprobación en el estatal contra 90% en el privado. El informe, pensado para la planificación del ciclo lectivo, se convierte en un insumo incómodo para el debate público. El ausentismo, la sobreedad y las dificultades académicas no son solo indicadores técnicos: son síntomas de un sistema que arrastra desigualdades históricas y que exige respuestas políticas. En la arena bonaerense, los datos se leen como advertencia y como presión. La oposición los utiliza para cuestionar la eficacia de las políticas educativas, mientras que el oficialismo busca encuadrarlos en una estrategia de acompañamiento y recuperación. Lo cierto es que el informe deja al descubierto que la escuela secundaria sigue siendo un terreno de disputa, donde la política y la pedagogía se cruzan en cada ausencia y en cada materia pendiente.


