Axel Kicillof decidió correr el velo y fijar una línea política sin matices dentro del peronismo bonaerense. En un encuentro reservado del núcleo dirigente del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio que articula su armado interno, el gobernador dejó un mensaje inequívoco: quien asuma la presidencia del PJ provincial deberá responder políticamente a su conducción. El planteo no pasó inadvertido. Llega en un momento clave, cuando el peronismo se aproxima a definiciones sensibles sobre el futuro del partido y reaviva una disputa larvada que atraviesa a toda la estructura bonaerense.
En ese contexto, las palabras de Kicillof fueron leídas como una señal de bloqueo anticipado a eventuales candidaturas que no comulguen con su estrategia, entre ellas la de Máximo Kirchner, uno de los dirigentes más confrontativos con el gobernador en la interna partidaria. Kicillof apeló a la experiencia reciente para justificar su postura. Recordó los cortocircuitos que marcaron la relación entre la gobernación y la conducción formal del PJ y planteó la necesidad de evitar un esquema de poder fragmentado que, según su mirada, debilitó al peronismo en los últimos años. Pero el mensaje no se limitó a la disputa bonaerense. El gobernador instó a su tropa a pensar más allá del calendario inmediato y a trabajar en la construcción de una alternativa nacional con proyección federal hacia 2027. En ese marco, planteó la necesidad de ampliar la base política del espacio y de tender puentes hacia sectores que quedaron al margen del kirchnerismo, pero que podrían reinsertarse en un frente de perfil nacional. Esa idea de ampliación fue compartida por dirigentes presentes en el encuentro de Villa Gesell, quienes señalaron que existe un universo de referentes peronistas dispersos que no se sintieron contenidos por Fuerza Patria, pero que siguen orbitando dentro del campo nacional y popular. En la mesa chica, junto a Kicillof, tuvo un rol destacado Verónica Magario. La vicegobernadora aparece cada vez con más fuerza como la carta del axelismo para conducir el PJ bonaerense y en los últimos días aceleró su despliegue territorial y orgánico. Esta semana, habilitó espacios del Senado provincial para recibir a dirigentes del conurbano que acercaron nuevas fichas de afiliación, un movimiento que encendió alertas en La Cámpora. La reacción no tardó en llegar. Desde el sector que responde a Máximo Kirchner difundieron el acta de la última reunión partidaria, en la que se dejó asentado que sólo serán válidas las afiliaciones presentadas hasta el 30 de diciembre de 2025, un intento por cerrar el padrón y limitar maniobras de último momento. El clima interno es de máxima susceptibilidad. El control del padrón, como suele ocurrir en vísperas de una definición de poder, se convirtió en un terreno de disputa central. Todo converge en una fecha decisiva: el 7 de febrero, cuando vencerá el plazo para la presentación de listas. Ese día se despejará si el peronismo bonaerense logra una salida consensuada o si se encamina a una interna abierta que promete ser una de las más ásperas de los últimos años.


