Tribunales en escena

Tribunales en escena

 

Apenas dos días después de las internas del PJ bonaerense, el universo peronista volvió a girar alrededor de Cristina Fernández de Kirchner. La expresidenta, custodiada por militantes que desde las 7 se concentraban en San José 1111, salió de su departamento para dirigirse a Comodoro Py. Era la primera vez que dejaba su domicilio desde su internación en el Otamendi, a finales del año pasado. El traslado no fue un simple trámite judicial: fue un acto político. Axel Kicillof, con su Movimiento Derecho al Futuro, se sumó a la convocatoria “contra la injusticia” y denunció que el gobierno de Milei y el “partido judicial” montaban un espectáculo para encubrir sus propios escándalos. La narrativa del gobernador bonaerense buscó instalar la idea de que la indagatoria presencial era parte de un show destinado a distraer del efecto devastador de las políticas oficiales y de episodios como la criptoestafa. Cristina Fernández estuvo sentada frente al Tribunal Oral Federal 7. Allí, los jueces Canero, Méndez Signori y Castelli tienen la tarea de decidir sobre los planteos preliminares y avanzar en la investigación de la presunta red de sobornos y cartelización de la obra pública entre 2003 y 2015. La expresidenta abrió su declaración con un golpe de efecto: “Si alguien me preguntaba cuál era la causa emblemática de persecución política, hubiera dicho Vialidad. Pero ahora Cuadernos la ha desplazado. Ya no es persecución, son prácticas mafiosas de jueces y fiscales”. Con esa frase, Fernández buscó marcar el tono de la jornada: no se trataba de un expediente más, sino de un símbolo de lo que ella describe como lawfare. Recordó las acusaciones de más de 200 casos de cohecho y lanzó preguntas retóricas que resonaron en la sala: “¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Quién recibió? ¿Dónde está la plata?”. Evocó los allanamientos en sus propiedades de Río Gallegos, Juncal y El Calafate, como prueba del hostigamiento. La crónica del día deja una imagen clara: la exmadataria volvió al escenario político-judicial con la misma estrategia que desplegó en los últimos años, convertir cada citación en un acto de denuncia pública. El peronismo, dividido en internas, encontró en su figura un nuevo eje de movilización. Y Comodoro Py, una vez más, se transformó en el epicentro de la disputa entre el poder político y el poder judicial.