Made in China

Made in China

 

La histórica compañía Georgalos, símbolo de la industria alimenticia bonaerense, enfrenta un escenario crítico marcado por la caída del consumo interno y la apertura de importaciones impulsada por el gobierno de Javier Milei. La firma decidió trasladar parte de la producción de sus tradicionales caramelos Flynn Paff a China, decisión confirmada por su presidente, Miguel Zonnaras, quien la calificó como una medida “pragmática” frente a los altos costos locales y la presión impositiva. Pero detrás de esa estrategia empresarial se esconde un fuerte impacto social. En la planta de Victoria, donde también se fabrica el emblemático Mantecol, se aplican suspensiones rotativas que afectan a 80 trabajadores cada quince días, sobre un total de 600 empleados. La empresa atribuye estas medidas a una caída del 29% en las ventas y a una capacidad ociosa que supera el 55%. El conflicto laboral se arrastra desde 2025, cuando el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación denunció despidos y persecución sindical, mientras la compañía acusaba al gremio de “sabotaje”. El caso de Georgalos no es aislado. Rigolleau, la tradicional cristalería de Berazategui, atraviesa una crisis similar: productos que durante décadas se fabricaron en sus hornos hoy llegan desde China con la etiqueta “importado”. La empresa redujo su plantilla de 862 a 757 trabajadores en un año y acumula pérdidas por más de 7.000 millones de pesos. En ambos casos, el modelo productivo se transforma en un esquema de importación y logística, debilitando la identidad industrial de la región. Para los vecinos de San Fernando y Berazategui, el cambio de origen de productos emblemáticos puede parecer un detalle menor. Sin embargo, para los trabajadores y para la memoria colectiva de la industria nacional, cada suspensión y cada contenedor que llega desde Asia representa un golpe a la tradición productiva argentina.