“Los números no dan”

“Los números no dan”

La pulseada financiera que atraviesa Granja Tres Arroyos volvió a instalarse en la agenda económica y sindical. El dato que encendió las alarmas es contundente: desde fines de enero se multiplicaron los cheques rechazados de las firmas del holding, con un acumulado que supera los 10.498 millones de pesos. El registro del Banco Central expone la magnitud: la sociedad principal concentra 318 documentos impagos por 9.100 millones, Wade SA suma 74 por 796.000 y Avex SA contabiliza 60 por 564.000 pesos. La dispersión confirma que no se trata de un tropiezo aislado, sino de un problema estructural de liquidez. En paralelo, la compañía atraviesa un ajuste silencioso en su plantel laboral. De los más de 1.500 trabajadores que llegó a emplear, hoy apenas quedan unos 700. El recorte se ejecutó mediante retiros voluntarios, jubilaciones y reducción de horas extras, sin despidos masivos aún. Sin embargo, en los pasillos gremiales circula la versión de que, con la plena reglamentación de la reforma laboral, podría activarse un recorte más profundo. La frase que repiten proveedores y sindicalistas es lapidaria: “los números no dan”. El grupo construyó su liderazgo sobre un modelo industrial de gran escala, con control integral de la cadena avícola: genética, producción y comercialización. Esa estructura le permitió expandirse y convertirse en un exportador de peso regional. Pero la misma dimensión que fue motor de crecimiento hoy se transformó en un lastre financiero: capacidad instalada sobredimensionada frente a un mercado debilitado. El quiebre se produjo con el cierre sanitario de mercados internacionales tras la influenza aviar. La pérdida de China como comprador de cortes y subproductos golpeó de lleno, obligando a redirigir la producción a destinos menos rentables. A ello se sumó la presión del pollo brasileño en el mercado interno, que achicó márgenes en un contexto de consumo retraído. El resultado es una ecuación difícil de sostener: costos fijos altos, menos divisas y precios internos ajustados. La crónica política de esta crisis revela más que un problema empresarial: expone la fragilidad de un modelo productivo que, tras décadas de expansión, enfrenta ahora el dilema de su propia escala. El desenlace dependerá de la capacidad del holding para reestructurar su operación sin que el ajuste laboral se convierta en el próximo capítulo de conflicto social.