Crisis golpea a clase media

Crisis golpea a clase media

 

La Conferencia Episcopal Argentina volvió a irrumpir en el escenario público con un diagnóstico que tensiona el debate político y económico: la crisis ya no golpea únicamente a los sectores históricamente vulnerables, sino que avanza sobre franjas de clase media que hasta hace poco lograban sostenerse sin asistencia estatal ni comunitaria. El presidente del Episcopado, monseñor Marcelo Colombo, advirtió que las parroquias y organizaciones sociales registran un aumento sostenido en la demanda de ayuda. “Antes eran voluntarios de Cáritas quienes colaboraban; hoy muchos de ellos se han convertido en beneficiarios”, señaló el arzobispo mendocino, describiendo un cambio social que interpela directamente a la dirigencia política. En paralelo, los datos oficiales del INDEC mostraron una desaceleración en el costo de las canastas básicas durante abril: la Canasta Básica Alimentaria (CBA) se redujo del 2,2% al 1,1%, la variación más baja en ocho meses. Una familia tipo necesitó $665.053,35 para no caer en la indigencia. La inflación general se ubicó en 2,6%, con alimentos subiendo apenas 1,5%, mientras que transporte y tarifas de electricidad presionaron al alza el índice. El Episcopado subrayó que el deterioro de ingresos y la pérdida de poder adquisitivo empujan a nuevos sectores hacia estructuras de asistencia comunitaria, lo que obliga a repensar las políticas públicas. En ese marco, la Iglesia ratificó su intención de mantener presencia activa en el debate nacional, defendiendo la “centralidad de la persona” frente a modelos económicos que privilegian el individualismo. La conducción eclesiástica insistió en que continuará dialogando con todas las fuerzas políticas, sin resignar autonomía institucional, y que su intervención en temas sociales y económicos se sostiene en el trabajo territorial y el contacto cotidiano con familias afectadas. El contraste entre la leve calma estadística en los precios y la creciente demanda social expone una tensión central: mientras los indicadores macroeconómicos sugieren cierta moderación, la realidad cotidiana de miles de hogares revela un deterioro que se expande más allá de los márgenes tradicionales de la pobreza.