La inflación no se rinde

La inflación no se rinde

 

Abril dejó una señal incómoda para la Casa Rosada: las expectativas de inflación volvieron a subir, aunque sea de manera leve, y reavivaron el debate sobre la eficacia del programa económico oficial. El Ejecutivo insiste en que la desaceleración de los precios es su carta de triunfo, pero los números muestran que la confianza social sigue en tensión. Según la Encuesta de Expectativas de Inflación de la Universidad Torcuato Di Tella, el promedio esperado para los próximos 12 meses trepó al 34%, medio punto por encima de marzo. La mediana, en cambio, se mantuvo en 30%, reflejando que el “encuestado típico” no modificó su visión. El relevamiento, realizado por Poliarquía Consultores entre el 6 y el 17 de abril sobre 1.000 casos en grandes centros urbanos, expone la persistencia de un clima de incertidumbre. El contraste es claro: mientras el Gobierno exhibe la baja en la inflación mensual como un logro, 3,93% en abril contra 4% en marzo, la expectativa anual se resiste a acompañar esa narrativa. El informe advierte que los hogares siguen proyectando aumentos elevados, incluso después de meses de ajuste fiscal y monetario. La dispersión de opiniones se mantuvo estable: un 25% de los encuestados espera 20%, la mitad se ubica en 30% y el 75% proyecta 50%. El rango no se amplió, pero la percepción de riesgo permanece intacta. Por regiones, la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense continúan liderando las expectativas más altas, con 35,9% y 35,6% respectivamente. El Interior, en cambio, mostró la suba más marcada, pasando de 32% a 33%. Es decir, el malestar se expande más allá del área metropolitana. El informe también revela diferencias según nivel educativo, usado como aproximación al ingreso. Los hogares de menor nivel educativo redujeron levemente su expectativa (de 35,2% a 35%), mientras que los de mayor nivel la incrementaron (de 32,9% a 33,5%). La brecha se achicó, pero la percepción de inflación más alta sigue concentrada en los sectores populares. En definitiva, el dato de abril confirma que la batalla contra la inflación no se libra sólo en las góndolas o en las planillas del INDEC, sino también en el terreno político: el Gobierno necesita sostener el relato de la desinflación, mientras la sociedad mantiene sus reservas y proyecta un futuro donde los precios siguen siendo protagonistas.