En Lomas de Zamora, un episodio de extrema gravedad volvió a poner en evidencia la tensión que atraviesan los pequeños comercios en un contexto de crisis económica. Un almacén barrial fue destruido por un incendio provocado de manera deliberada. El responsable sería otro comerciante de la zona, que habría actuado convencido de que, eliminando a su competidor, podría quedarse con su clientela. El hecho ocurrió en el barrio Odisa cuando el local se encontraba cerrado. Las cámaras de seguridad registraron con nitidez el momento en que el agresor llegó caminando, roció la entrada con combustible y encendió el fuego, sin vacilar. En cuestión de minutos, las llamas avanzaron sobre el frente del negocio y arrasaron con gran parte de su interior. Gracias al aviso inmediato de los vecinos y al rápido accionar de los Bomberos, el incendio no se extendió a las viviendas cercanas. No se registraron heridos, pero las pérdidas fueron totales: mercadería, electrodomésticos, mobiliario y herramientas de trabajo quedaron reducidos a cenizas, junto con años de esfuerzo de la propietaria. La investigación determinó que el ataque no fue un acto aislado ni impulsivo. El agresor y la víctima compartían rubro y área de influencia, con sus comercios ubicados a escasa distancia, y mantenían desde hacía tiempo una relación conflictiva. Testimonios de vecinos señalaron discusiones previas y reproches vinculados a la competencia directa y a la caída de ventas en la zona. La dueña del local, fue contundente al referirse al móvil del hecho: sostuvo que el ataque tuvo como objetivo apropiarse de su clientela. Esa declaración se convirtió en un elemento central de la causa judicial y refleja una lógica alarmante que comienza a repetirse en un escenario de fuerte deterioro económico. Según relató, al momento del incendio no había nadie en el comercio, ya que ese día no abrieron por un festejo familiar en San Vicente. “Estoy convencida de que lo hizo porque en nuestra casa somos todas mujeres y no tenemos cómo defendernos”, expresó, y vinculó el ataque con una combinación de ego y rivalidad comercial. La mujer también explicó que el agresor posee un almacén en la misma zona y que, según comentarios recibidos, él sostenía que su negocio le quitaba clientes: “En realidad, en el barrio hay alrededor de 15 kioscos”, aclaró. La identificación del sospechoso fue posible gracias a las imágenes de distintas cámaras de seguridad. Con ese material, la Policía bonaerense logró dar con el responsable y detenerlo en pocas horas. El hombre quedó imputado por incendio intencional, un delito grave que contempla penas de prisión efectiva. El episodio trasciende el hecho policial y expone la presión constante que enfrentan los pequeños comerciantes, afectados por la baja del consumo, el aumento de los costos y una competencia cada vez más agresiva por una clientela reducida. En los barrios del conurbano, los almacenes cumplen además un rol social fundamental: son espacios de cercanía, confianza y sostén comunitario. Cuando uno de ellos desaparece, no sólo se pierde un ingreso, sino también un punto de encuentro barrial.


